Este 10 de febrero de 2026, la Unión Sindical Obrera (USO) conmemora 103 años de existencia, organización y resistencia obrera. Nacida en Barrancabermeja el 10 de febrero de 1923, la USO se forjó en un contexto de explotación y desigualdad en la naciente industria petrolera, y desde entonces ha sostenido una causa que trasciende generaciones: defender los derechos de las y los trabajadores y aportar a la soberanía energética nacional como pilar del desarrollo y la justicia social.
En estos 103 años, la historia de la USO ha sido también la historia de miles de hombres y mujeres que, con dignidad y valentía, transformaron la realidad laboral del sector, defendieron el carácter público de los recursos estratégicos y construyeron alianzas con las comunidades en los territorios energéticos, para que la riqueza del país se traduzca en bienestar colectivo.
Hablar de la USO es hablar de una convicción esencial: la energía es un asunto de soberanía. En el corazón de esa causa está la defensa del patrimonio público y del papel del Estado en un sector estratégico.
Un hito determinante fue el ciclo de luchas obreras que marcó la historia petrolera del país, incluyendo la huelga de 1948 en Barrancabermeja, reconocida como una demostración del poder de la acción colectiva del movimiento obrero petrolero.
Durante más de un siglo, la USO ha defendido el trabajo decente, la estabilidad, la seguridad industrial, la salud laboral y la dignidad de quienes sostienen la operación energética del país. Esa defensa se expresa en su capacidad de organización y negociación colectiva que, año tras año, protege derechos y construye garantías laborales.
La USO ha reiterado públicamente su crecimiento organizativo y su presencia nacional mediante subdirectivas en distintas regiones, reflejo de una organización que acompaña a trabajadoras y trabajadores en Ecopetrol, en empresas contratistas y en distintos eslabones de la cadena productiva.
La organización sindical ha sostenido, a lo largo de su historia, que la industria energética solo es legítima si se traduce en bienestar para el pueblo: inversión social, respeto ambiental, garantías para las comunidades y diálogo real en los territorios.
Por eso, este aniversario también es un reconocimiento a las alianzas y solidaridades construidas con organizaciones sociales y populares, desde el Magdalena Medio hacia el resto del país, para defender derechos colectivos: agua, salud, educación, empleo digno y condiciones de vida humanas en las regiones donde se produce la riqueza energética de Colombia.
En esa misma línea, la USO ha señalado en sus comunicados el doloroso saldo de décadas de persecución y asesinatos contra afiliados y dirigentes, como parte de una memoria que el país no debe repetir ni normalizar.
Porque la transición no puede ser sinónimo de precarización: debe ser un camino con justicia social, formación, reconversión laboral, participación comunitaria y soberanía nacional.
Redactó Junta Directiva Nacional